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Friday, October 13, 2006 8:53 PM
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La preparación de la boda

 
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  FINANZAS    

En muchas joyas nupciales antiguas encontramos una gran variedad de sìmbolos que representan el afecto conyugal.

 
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Por: Contexto Latino

 
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Desde tiempos inmemorables, durante la celebración del matrimonio se han utilizado objetos que simbolizan la unión de la pareja. Al inicio se hacia a través del intercambio de bienes agrícolas o de animales de granja. Después, con el tiempo, comienzan a aparecer objetos preciosos, cargados de significado simbólico, representando el afecto de los cónyuges, la promesa de fidelidad y amor, la fertilidad...

Estos objetos ocupaban un lugar bien visible durante la ceremonia. Algunos servan para testimoniar la unión de la pareja y el deseo de procrear muchos hijos sanos y fuertes, otros para alejar los malos espíritus que pudieran amenazar la felicidad de los jóvenes. De ahí surgen las joyas realizadas con las llamadas "piedras matrimoniales" (acquamarina, perla, malaquita, amatista, lapislazuli, esmeralda, turquesa y zafiro) y toda la basta gama de amuletos de amor para protegerlo y de talismanes para alejar lo malo.

En muchas joyas nupciales antiguas encontramos una gran variedad de sìmbolos que representan el afecto conyugal. Muchas de ellas también eran consideradas potentes defensas contra las influencias negativas. Veamos algunas:

El corazón: es el órgano central, sede de la vida afectiva y espiritual. Sin embargo, en las joyas antiguas no es muy comùn. No es hasta el siglo XI que se ve utilizado en un sinfìn de alhajas, sobre todo en aretes y broches decorados con esmaltes y piedras preciosas.

El nudo: ademàs de ser símbolo de vida y resurrección, es señal de amor constante, de una unión para toda la eternidad. En tiempos de Grecia y de Roma, el « Nudo de Hércules » representaba la unión nupcial por excelencia. En Rusia los nudos han tenido un rol protagonista en el amor y en los rituales matrimoniales: el traje de boda tenìa un cinturòn (a veces realizado con materiales preciosos), entretejido con nudos para protegerse del mal de ojo. También en las sociedades celtas los nudos tuvieron una gran importancia en todas las decoraciones y en las joyas nupciales.

Las manos entrelazadas: Son el símbolo que mejor representa el contrato establecido: la confianza hacia el compañero, la unión carnal y espiritual indisoluble. Existen innumerables ani-llos con este sìmbolo. En el periodo gótico y en el Renacimiento, la posición de las manos se modifica, con las palmas paralelas y apoyadas en sentido contrario. Los anillos se convertieron entonces en las llamadas «manos en fe ». Por eso es que muchas veces a los aros de matrimono se les llama « fe ».

En la antigüedad, el anillo nupcial debía ser usado en el dedo anular de la mano izquierda, porque se pensaba que un nervio o una vena llegaba directamente al corazón y éste a Dios.

En el pasado no existía una joya específica que se regalase en ocasión del matrimonio. Sin embargo, las piedras preciosas o semipreciosas que la adornaban, tenían un mensaje preciso. Muchísimas escondían un significado positivo y propiciatorio. Pero, entre todas, aunque su tradición como piedra de amor es menos antigua de las otras, el diamante triunfa como la gema más representativa del compromiso y del matrimonio.

Como talismán consolida y mantiene la unión entre los cónyuges. Según una antigua creencia medieval, bastaba atar un hilo formado por los cabellos del novio y de la novia a un anillo de oro con diamantes y llevarlo por nueve días sobre el corazón, al contacto con la piel, y luego finalmente regalárselo al amado para asegurarse que le corresponderá para toda la vida.

El algunas sociedades la oferta de animales que el novio y su familia le hacían a la familia de la novia, tenia un significado de "compensación" por la adquisición de la mujer deseada, que le paga al padre por la pérdida de un par de brazos para el trabajo cotidiano.

Por su parte, el regalar collares de caracoles o de amuletos, de alguna pieza de vestuario de la novia o de sus familiares tiene un significado propiciador. En estos rituales se acostumbraba también a intercambiarse aretes, brazaletes, collares, y también otras costumbres, como el estrecharse las manos, atarse cuerpo a cuerpo con un nudo o de hacer un intercambio de sangre, a través de una pequeña herida que los novios chupaban.
 
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